El horrible ogro que todos odiaban compró en la tienda un espejo de su propio tamaño.
Lo colocó en uno de los muros de su palacio. PodÃa verse en él de cuerpo entero.
El vendedor le habÃa asegurado algo que terminó por convencerlo.
– Este espejo lo embellecerá, mi excelentÃsimo señor, se verá usted en él como siempre quiso verse.
Pasaba horas el ogro frente al espejo comprobando sus bondades. Era cierta la promesa del tendero, podÃa verse allà como siempre habÃa soñado ser.
Cambió el ogro su mirada sobre sà mismo, y consiguió que todos lo vieran distinto, a pesar de que su cuerpo no se habÃa transformado.
Ya no era tan horrible para los demás, porque habÃa comenzado a embellecerse para él.
Ya no era odiado por todos, porque habÃa aprendido a quererse en el espejo.
Moraleja:
Descúbrete a tà mismo con amor, para que los demás comiencen a quererte.
Desconozco su autor
—————————————————————————————————————-
La belleza siempre impacta. Nadie puede dejar de reconocer que la belleza fÃsica es un factor deseable y deseado y que, en primera instancia, puede abrir muchas puertas. Pero más allá de favorecer un primer acercamiento, no asegura nada. La belleza fÃsica, de por sÃ, no puede asegurar la perpetuidad o la continuidad de los sentimientos despertados por la persona que la posee.
La belleza interna, la belleza del espÃritu, en cambio, puede perpetuar los sentimientos y hacer que los mismos perduren incluso después de la muerte… y en el recuerdo. Y además, con la belleza interior sucede un fenómeno opuesto a lo que sucede con la belleza externa. El paso de los años desluce inexorablemente las bondades del cuerpo. Y aunque se lo cultive y hasta se lo someta a cirugÃas, su belleza decrece con los años. En cambio, para quienes cultivan lo lindo de su interior, con el paso del tiempo ocurre lo contrario: El cuerpo envejece, pero el espÃritu se hace cada vez más noble y más hermoso.
Por eso, cuidemos nuestro cuerpo, es importante. Pero fundamentalmente cuidemos nuestro espÃritu, ya que es muchÃsimo más importante. Y enseñemos a nuestros hijos a cultivar y valorar la belleza interior.
Esa, que es la que despierta sentimientos verdaderamente auténticos y duraderos, que son, en definitiva…los únicos que sirven.
© Graciela De Filippis



0 comentarios